Boca Culebra

6.1.10

kipuri


Te conocí  cuando se diluía septiembre por los cerezos que penden de mis hombros. Me llegaste cuando me poseían hadas verdes, corrían presurosas por las vías alternas de mis neuronas. Llegaste y yo sacaba mi revolver de entre algún código binario, quizá de algún cajón del cerebelo.
Para creer en ti, necesite una sobre dosis depresiva, una computadora portátil que jamás llego a mis manos, la quiebra de un negocio donde invertí hasta mi juicio y una novela interminable. Llegaste cuando estaba recién herida, con el esófago entubado; con la operación que él abrió sin guantes, sin anestesia.
Llegaste y escarbaba entre mi alacena el buqué de pastas, las cajas vacías con una esquinita  de THC y siendo siempre una caja hembra. En ese instante llegaste con pasamontañas, micrófono skype y conexión delta nueve;  hiciste los cateos pertinentes, limpia de psicoactivos, chocolates, fumadas e ingestiones orales. No me idealices, repetías con la fe del mantra calvo, y mis manos eran ríos forjados en el índice que apunta las notas más graves que serían veladas, por cualquier gitana o niño con macropsia.
Y tú con tu  greñero  atado al fajo wirrárica, puro hasta la cadera, con toda la cosmogonía atada entre ligas, con toda la comezón que te atacaba  y entre la trenza encadenada, yo leía la historia del mundo, los altares visitados, el sahumerio y tantos saludos que alzabas días de lunas y noches de domingos; la creación del universo encapsulada en una micro espora de tu cuero capilar.  Y yo entre el fuego, preguntaba por él.
Malditas las diferencias de horas, todas las sombras que exorcizo por guardarle fe a una estampita, al libro más amado de liturgias, hospedado en templos de wordpress. A mí me  llega el sueño antes que a él.
En alguna galaxia de otra vida,  quizá se rompa la distancia, debo creer que lo veré antes de irme, debo creer mientras me cala el pesimismo, me lo repito como derecho y revés de una chambrita interminable.
Mientras en aquél mes tan cargado de verbenas, yo también remataba mi próximo cadáver, sostén de mi peregrinaje. Yo hasta entonces, ando de cacería por este puerto famélico en el que me abandonó, en busca de sus manos de todos los colores. Y las largas sombras, solo sirven para llorar bajo el fresco sol que desenredaba estas manos paralíticas, insuperablemente quietas, que se unen solo para Él.

2 rayan:

K dijo...

brutal, ensordecedor, hermoso...
guardalo en una cajita, cuando regrese me lo imprimo en la anlga derecha de la viscerareloj que salta por el calendario como el caballo loco bucefalo de una partida de ajedrez que se juega sobre un cable electrico.

Elizabeth Sobarzo dijo...

te toco... te siento, yo me guardo para ti..