Hay un desgarre en el fondo de la hoja, un punto y coma cuando se aparea la diferencia de hora/un silencio que propaga en el azul espejo de mi rada tu apeliido/ el frio en boya/el frio pretexto para la clava de tus cuernos en mi costilla diestra.
Ya caminan sobre el rio mis deseos. Hasta allá llegan mis huesos temblorosos/ A pies salados marco los días fuera de tus brazos, donde guardo todo un cementerio de anatemas/ y de mi boca criptica, el vaho de amanecer neblina, de clochard albergado en el muslo de la locura.
Siempre regresa la teoría del silencio, ser yo misma triplicada en la frente de los brujos/ ser yo, viajante de tu ombligo, cuchilla para alimentarte la huesera, triada y virgen que le reza a tu garganta, collar de hambre, collar de cuero, colguije en tu hombro cercenado, palita para los desposeídos, tu mujer de lumbre. Tu siempre estopa y niña anarquía.
Seré entre el desgarre, tu puntos suspensivos, el Sí eterno que te espera en el abismo, seré el ojo lagrimoso cuando roces los silencios- seré tu edén trasero, cuando decidas el retiro de nuestra soledad.
Un siglo atempera sus rituales, la liturgia de un idilio trónico/ y nada en este siglo me sacia fuera de mi mar. Yo de gaveta criolla con deditos congelados, yo de serranías, de observadora del móvil, yo expulsada de los herbarios de la lengua amante, plantada en breve, y en breve restaurada. Yo contigo, en el mismo siglo de usuarios dot y sobrevivientes de miralejos y poemas. Tú la fuente de mis famélicas bocas, curación domestica/ yo en tus letras con el simulacro del incendio, noche a noche, en punto de encontrarnos en las once diferencias, caja de alacena en un cereal, costal de púas en el plato de mi cena, que sabe a piso remojado, a lloro de panteón típico, inexistente en mi San Dieguito Harbor clon. Yo creando el tratado desordenado de sobrepermanencia, en la raíz cuadrada de tu espíritu, básica para mi especie, en territorio mexicano. En mi alma tercermundista y sin despensa básica.
Siempre que camino me vacío, por eso prefiero el trote o la corrida, los pensamientos son menos estables/ rebotan, no surcan el paso siguiente.
Sé que sientes lo mismo, buscas señales en los ojos de las calles, un ruido que se mezcla con tu anterior pensamiento, sé que si algo te aferra a la vida, es muy parecido a mis imanes. Cuántas veces has querido escapar igual que yo, perpetuar el sueño, dedicarte al oficio del olvido. No sería la misma si no se me amotinaran los anhelos en el pecho, no sería yo misma sin estos senos que cargan sus pezones bajo cuatro grados, rebeldes, queriendo ver a través de mi ropa. No sería la misma sin sentir que a tu paso, cada parpadeo es una instantánea, es vida soluble, trago fácil, un día en un poema, un día en una tragedia. Sentirme desabotonada cuando busco en los ojos de la gente, tus ojos tibios y desmayados, tú has de sentir lo mismo, has de leer como yo los pasados o los futuros cuando algún transeúnte te roza el codo, cuando crees que ya todo será diferente, y temes que al soltarle la trenza al amanecer, regrese el hastío. A veces frías, como hoy, mi lengua fragmentada jadea y agita su cola con todos los cascabeles, para que salgas al patio y me des de comer.
Luego escucho todas las voces que me desmueblan la cordura, cierro los ojos, y las tecleo:
1. No depende de ese elemento, la herramienta, el amor, puede pasar/ déjame acabar, puede ser producto de la pobreza, del cuerpo, de ciertas cuentas, el juicio o del recurso. A veces no es posible, salir sin un bestiario, hecharse a volar, pertenecer o ser pertenencia, del asunto, del miedo, de las hilanderas, de los autores, o la virtualidad, (pero mientras sudemos y seamos carne, nadie nos desplazará).
2. Después del mismo punto, cuando un títere se mueve, todo es simple, nada mas hay que cerrar los telones, la afirmación del vulgo, sobre la rudeza, o los grandes poetas, verdaderos poetas.
La rudeza, en poesía, de la ternura impresionante, en formato pequeño.
3. En todas las formas habidas me extravío, [pero todo es enseñanza] la experiencia acelerada, la ternura de nuevo. Y fluyo del hogar, sin amor, del hogar sin huésped. Ni siquiera se perder las llaves.
4. Lo que siento es una vida a patadas, para sacar rosas del pecho. A golpe de canoro. La tragedia, de ser ordinarios, extras. Sale de su ser, sale de su voz, de su lunar, no todos podemos ser, incluyéndonos del montón.
5. Saber más, a pesar de mi edad, cerrar la muestra experimental, la mamada de un director, que ninguno monta. Como tu lectura. Yo apuesto, del amor inmediato. No te salgas de mí.
6. Loca/ sin duda no me encierran por falta de recursos literarios.
Tiene que ser tu espejo
el mismo bosque de lanzas
en los pocillos de la baba etérea
que es amalgama de deseos
Donde el risco y el águila son el mismo
porque habita en ti
el mismo estrobo que en mis ojos
Donde somos una con tu mis piernas
o con el libro que te escribo
Sobre el polvo de los huesos
siembras un jardín de petiformas
ves nacer a plumas nadadoras
Porque eres sombra de de mis senos
Panteonero de mis huesos
al practicar la poesía
A veces por micro segundos he pensado que estoy loca/ no sabes cuánto he escrito, mi editora alguna vez sugirió que no publicará nada inédito en el blog (por eso ya no se ni que escribir) pero te juro que escribo como posesa en mi laptop que ya pude comprar, en el moleskine o en el cuaderno. Solo deseo que me digas que quieres leer todo lo que he escrito...
Yo solo me desboco en tu nombre, bajo el peso de todas tus letras, estoy harta de estar así de lejos, llorándote, queriendo ser la niña que te sonríe a través de la lente, y regreso y digo, realmente estoy loca, tanto como los cristianos aman a un dios que nunca han tocado, estoy tan loca como los católicos que tienen estampitas, les rezan, les tienen fe y cada domingo se asoman a la iglesia, comulgan. Y creo en ti como en el peso de tus apellidos sumados a los míos, y si te hubieras dado la oportunidad de olerme este pasado agosto, sabrías que no solo huelo a fruta, sabrías incluso, que no quisieras que quitara los sellos de las puertas. Sabrías que mi muslo no se puede echar al rio, porque me quedaría muda si olvidara el principio y el final de tu nombre. Y de todas maneras, soy tan humilde que ni siquiera me busco en tus letras, porque se que ya no me escribes, se que ya no escribes de mi. Y eso no importa, las letras son quien se las quiere beber. Y yo me bebo, le hablo al edgar, le digo, mira esta imagen, este es el hijo de puta que quiero leer, y le digo no mames Edgar, es que como lo amo...y recuerdo hace unas tres semanas, cuando se me escapaban las aguitas, en medio de mi taller, mientras Jose Vicente Anaya hablaba del ritmo, el jazz y los beats, yo abri tu blog, y entre a tu flickr y las lagrimas se me salian, te vi feliz, mas flaco, te vi hermoso como mi madre ve a su cristo, y le llora sus heridas, y yo llore tus heridas que parecian tan bien remendadas en aquellas tierras, y yo sigo abriendome las venas.
Cuando escucho la palabra crimen, balacera, motín, cuerpos, tiro de gracias, corridos, drogas, de inmediato mi mente viaja a unas líneas parcas de algún noticiero, prensa, radio, a unas líneas breves y secas, directas y frías. Incluso a las notas rojas, imágenes donde me volteo, porque mi morbo radica en otra línea, no en la de las matanzas. Que podremos esperar del amor en tiempos del narco, Corazón de Kaláshnikov, nos cuenta la ejecución de una mujer en manos de un sicario. Ejecutada bajo una orden, que ella ignora, y que el sicario también.
Así muchos estamos a la expectativa de lo que nos presentará esta novela de Alejandro Páez Varela, Corazón de Kaláshnikov. ¿Qué podría ofrecernos otro libro a nosotros, sobrevivientes de los ataques masivos de información de crímenes y victimas, sobre la violencia extrema en la frontera? Ya hemos escuchado muchas veces, sobre el crimen, sobre Tijuana, Ciudad Juárez y sus balaceras, hemos tenido cerca a muchos escritores que nos cuentan de esto. Sin embargo, la narcocultura, el narcotráfico, drogas, putas, border crosser, son sinónimos, de lo mas sonado en las letras de esta frontera. Escuchamos desde una panorámica tenue, se perfilan de puntillas en estas líneas, pero realmente, no hemos tenido en las manos una novela sobre el crimen en la frontera, el amor, esas dos cosas que tienen al humano con los miedos y los apegos en el top. Es oficio del escritor, quizá llevarnos en el subibaja de lo que se imprimirá en la historia de nuestra degeneración, como algunos nos negamos a rondar por el tan escuchado y hastiado tema en los noticieros, prensa, carteles de protestas, marchas. Otros nos dedicamos a ingerir la poesía o las letras desde otro punto, dándole a esta frontera o a otras, un matiz distinto, la vemos desde el mar, desde la nube, desde la noche que se pone sus orejas de estrellas. Pero estoy de acuerdo en que no debemos ignorar nuestro entorno, es lo que nos hace lo que somos, lo que nos forja. No creo que sea tarea fácil, escribir sobre el boom de la nota roja, de una manera estilística y literaria.
Al comienzo de mis cimas
tormentas aúllan
como el corazón encangrejado
quiero volver a oir de mis cimas
y jalarte intocado
regresarte sin muelles
porque de tí la persecución
los océanos falderos
las olas perras
las que me borran el trazo
como yo
que tengo brama hasta en los vacios
tengo el lloro con incisos
con tono para cada una de tus despedidas
aquí no se resuelve nada
ni de aullido
ni del punto de tu malparida
Premio Estatal de Literatura 2008 en Periodismo cultural
por su autor Juan Carlos Reyna
4 de diciembre 2009 / 19:30 hrs
Galería de la Ciudad
Informes al 177 31 30
Admisión gratuita
La(s) estética(s) de la mundialización
(ICBC-CONACULTA, 2009)
En este libro presenta catorce atisbos de lo que llama la(s) estética(s) del tráfico, estética(s) sumergida(s) al interior del trasegar simbólico de lo que erróneamente, hemos denominado posmodernidad: una excitación del mercado que insinúa la eliminación de distinciones entre lo legitimado y lo marginal; tramas que son hiladas desde el espacio escurridizo de aquellos flujos que, en definitiva, revelan los nuevos ademanes de una política que se sostiene por mitologías fundacionales. Una política de ilusión.
Juan Carlos Reyna (Tijuana 1980)
Trabaja en los límites entre la música, la literatura crítica. Escribe en el suplemento El Ángel del periódico Reforma, así como en el semanario Día Siete y las revistas Gatopardo, Letras libres. Tiene estudios de posgrado en Teoría Crítica, y es autor de la columna “Bitácora de exilios” de la revista Deep. Como músico es colaborador del colectivo Nortec, así como del Tijuana Sound Machete. Actualmente vive en la ciudad de México
Comentadora
Elizabeth Sobarzo
Nace en Ensenada Baja California. Escritora. Autora de los libros Sueños bajo la lengua (Antología de Jóvenes Creadores ICBC), Ábaco de Huesos, Instrucciones para un suicidio seguro y sin dolor, Vino de boca, Raza de Alfileres, y su reciente publicación en prensa y en e-book Poemas para arrullar a los ojos hormigueros. Ganadora de la mención honorífica del Premio a la Juventud. Coordinadora de Salas de Lectura (CONACULTA desde 1999). Fundadora y responsable del círculo de creación colectiva arte_factos (2001-2009) Ha publicado en revistas literarias y medios electrónicos. Ha tomado cursos con maestros como Dionisio Morales, Francisco Hinojosa, Paulina De la Cueva, José Vicente Anaya, Flora Calderón y José Vicente Anaya,entre otros, Desde 2006 coordina el taller de poesía versos de-mentes. Fue antologada por Flora Calderón en una edición del ICBC y por Roberto Castillo en la Antología de poesía erótica femenina (bilingüe) de Baja California: Nuestra Cama es de Flores/ Our Bed is Made of Flowers. Ha sido tallerista en el CERESO Ensenada, centros psiquiátricos y de rehabilitación, con su proyecto LitLab Proyect. Actualmente estudia la Licenciatura en Gestión Cultural e imparte el taller versos de mentes 2009. Parte de sus ensyos, han sido traducidos al portugués y al inglés