Cada que el príncipe se coge a Ariel, ella ve sus piernas abiertas con rencor. Extraña su cola, se siente fragmentada. Odia esa estúpida necesidad de respirar para no dejar de vivir. Finge el gozo y se mete al baño. Allí con una navajita se corta los muslos para castigarse. Se toca el sexo con los dedos ensangrentados y sólo entonces sobreviene el orgasmo. Luego se sumerge en la bañera por horas. Tenía razón el cangrejo, el mundo humano es un desastre.
Miguel Barquiarena
Sabes Barquiarena… a veces me siento como Ariel en la bañera.
Sabes Barquiarena… a veces me siento como Ariel en la bañera.
elizabeth
2 rayan:
ops!! Miguel..ajammm..Liz.. que estilo!!!
si, tiene estilo el bato, es el acido de ese que te hacer reir en los funerales o con las tragedias
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